Se mencionó que el gobierno de Felipe Calderón se va asemejando a los regímenes autoritarios que comparten con el fascismo su carácter dictatorial, antidemocrático, antiparlamentario y monopartidista, explicitemos. Cuando trata de legitimarse y sostenerse utilizando, de manera inconstitucional, la fuerza desmedida de un ejército, que bajo la justificación de combatir a narcotraficantes o terroristas, atropella los derechos esenciales de la población en cada uno de los operativos en los que actúa, sin proclamarlo, está suprimiendo las garantías individuales: detenciones arbitrarias (periodistas de Saltillo y Monclova; Ojinaga, Chih.); violaciones (Ernestina Ascencio; Castaños, Coah.); torturas (activistas de la APPO, Oax.); desapariciones forzosas (guerrilleros del EPR); privación de la vida (Ocuragui, Sin., Torreón, Coah,); secuestro de pueblos enteros (Carácuaro) sin que nadie responda por ello. Es como si en la práctica, no existieran procuradurías de justicia, ministerios públicos, tribunales o la Suprema Corte, esto, personifica a un sistema que gobierna a capricho, por no sujetarse a normas de validez universal. Se puede percibir un claro paralelismo con lo descrito por Sabine, de que en el nazismo, la igualdad ante la ley y la garantía del proceso legal, fueron sustituidos por facultades discrecionales absolutas de la Administración. En la práctica, nos dice, lo que significaba este totalitarismo, era que cualquier persona cuyos actos fueran considerados políticamente relevantes, carecía en absoluto de protección legal si el gobierno, el partido o alguno de sus numerosos instrumentos decidían ejercer su poder. Por otra parte, cuando los poderes fácticos (televisoras, radiodifusoras), prohijados desde siempre por el gobierno, al sentir disminuidas las inmensas ganancias que genera la propaganda política pagada por los contribuyentes, pretenden sustituir al Congreso de la Unión, y convocar por ellos mismos, “con su autoridad moral” a una consulta popular, un plebiscito (hoy inconstitucional), para que el pueblo salga en defensa de sus intereses; cuando esos medios se dedican en forma sistemática a infamar y calumniar a diputados y senadores para conseguir sus fines, exhiben claramente sus inclinaciones golpistas y la pretensión de implantar un gobierno unipersonal que les gestione, en vía rápida, sus intereses monopólicos, mediante decretos y permisos, lejos de los engorrosos y desfavorables trámites parlamentarios. Cuando los organismos empresariales (COPARMEX, CONCAMIN, CONCANACO), con el pretexto de defender la libertad y la democracia, rompieron lanzas en favor de la permanencia de los consejeros del IFE, como un chantaje para impedir la reforma de la llamada Ley Televisa, realmente estaban defendiendo la perpetuidad de las concesiones gubernamentales; como si los bienes de la nación sólo estuviesen destinados a unos cuantos privilegiados, ninguneando los derechos del resto de la población. Habrá democracia en un país cuando exista la igualdad de oportunidades para todos sus ciudadanos. Al no atacar a fondo la pobreza extrema de 50 millones de mexicanos, el gobierno se significa como antidemocrático. Cuando se impulsa, desde las entrañas del poder presidencial, a un incondicional Secretario de Estado como Germán Martínez para llegue a ocupar la presidencia del PAN, se aspira a reeditar a un partido “del gobierno”, a la usanza del antiguo PRI, para convertirlo en una correa de transmisión de los dictados del Ejecutivo y estar en condiciones de anular a la oposición en el Congreso, se regresaría así al monopartidismo.ROGER MAJO
EL HUEVO DE LA SERPIENTE (1)
En la película de este título (1977), el cineasta sueco Ingmar Bergman muestra como se va incubando de manera imperceptible el sistema fascista en una sociedad. Pareciera que la transición política que se ha dado en México, en lugar de dirigirse hacia la democracia plena y el Estado de Derecho se encamina paso a paso hacia el fascismo. Éste, surgió históricamente luego de la tardía intervención de Italia en la Primera Guerra Mundial, que dejó a ese país empobrecido y decepcionado al no conseguir apropiarse de los territorios que ambicionaba en los Balcanes. Ante el avance de los movimientos obreros y la inestabilidad social, la burguesía apoyó al partido que garantizara el “orden” y reforzara la autoridad del Estado, instaurándose un régimen dictatorial y totalitario, en el que la oposición fue perseguida, los líderes sociales encarcelados o exiliados y suspendidas todas las garantías constitucionales. Aunque las circunstancias culturales y sociales de hoy son diferentes a las que existían en los años 20 del siglo anterior, y por ello es poco factible se dé un sistema político que reúna todos los aspectos que caracterizaron a ese régimen (sociedad jerarquizada, dividida en corporaciones; bajo la dictadura de un partido único; con un gobierno totalitario que se legitima mediante la exaltación del nacionalismo, apoyado por la alta burguesía); sin embargo, los regímenes autoritarios contemporáneos comparten con el fascismo su carácter dictatorial, antidemocrático, antiparlamentario y monopartidista. El gobierno de Calderón, al influjo de la ideología que sustentan, tanto él como su partido, aunado a una serie de circunstancias históricas desgraciadas han posibilitado la generación de un régimen autoritario. Los últimos gobiernos priístas, supuestos herederos de la Revolución, quebrantaron la ya disminuida fortaleza del Estado mexicano. Al abrazar con fervor los dogmas neoliberales acabaron con los restos de nuestra independencia económica, especialmente por la venta de la industria paraestatal y la apertura indiscriminada de los mercados que acarrearon la ruina de industriales y productores de materias primas. La alternancia en el poder será entonces el resultado del agotamiento del modelo del partido único y de la crisis económica recurrente. Sin embargo la administración de Fox, se cerró a sí misma las puertas para que el país pudiese transitar a la democracia y el progreso. Para gobernar hizo a un lado al partido que lo llevó al poder aunque era incapaz de negociar con sus adversarios del Congreso generando recíprocas concesiones. Pretendió doblar la voluntad de diputados y senadores, enemistándoles con la opinión publica, mediante el desprestigio constante en los medios de comunicación. Al no lograr su propósito, prácticamente renunció a gobernar desde los primero años de su gestión, incrementandose su frivolidad y su incontinencia verbal y refugiándose en el valemadrismo (“yo por qué”). La nación quedó así sin rumbo y sin timón a merced de los poderosos, nacionales y extranjeros. Al carecer el gobierno de la fortaleza que brindan unos abundantes bienes estatales, hoy casi inexistentes; con una economía nacional deprimida; sin el apoyo mayoritario de la población; sin una legitimidad indubitable procedente de las urnas, el gobierno de Calderón, en lugar de un salto hacia adelante, optó por una salida retrógrada de corte fascista. Al pretender gobernar bajo el cobijo del ejército, se encamina hacia la dictadura; al consentir que los grandes monopolios sigan concentrando la riqueza: propiciará la antidemocracia; al permitir los ataques al Congreso, debilitará al parlamento; al intentar transformar al PAN en el partido del gobierno (como en el antiguo régimen), ensayará reimplantar el monopartidismo. ROGER MAJO
LA PRESIDENCIA IMPERIAL
LA PRESIDENCIA IMPERIAL
En la política, la forma es el fondo, es la frase certera que acuñó Federico Reyes Heroles, Secretario de Gobernación con López Portillo y que se ha convertido en apotegma de la vida pública mexicana. Así, este gobierno falto de legitimidad está empeñado en demostrar en sus actuaciones públicas que ha asumido, el proyecto de la vieja presidencia imperial priísta donde ciudadanos y funcionarios son considerados como meros súbditos cuya mayor libertad consiste en rendir pleitesía al emperador sexenal. Felipe Calderón opta por dar un “informe” a la Nación lejos de toda obligación constitucional, con la presencia oficiosa del Presidente de la Suprema Corte, rodeado por su cohorte de Secretarios de Estado, ante unos empleados federales acarreados para arroparse en su aplauso incondicional como con el de personajes tan siniestros como los gobernadores como de Puebla y Oaxaca. Para evidenciar el “poder del presidente” sostenido por el poder de las bayonetas, se conmemora el Grito de Independencia luego de que el ejército tomara por asalto, con varios días de anticipación, el zócalo capitalino, cercándolo con vallas. Únicamente hicieron falta los carros de asalto para reeditar el espectáculo represivo que ofrecía la Plaza de la Constitución en septiembre y octubre de 1968. En el sexenio anterior se execró a López Obrador por su falta de respeto al haber llamado “chachalaca” al presidente de la república. En el peor de los casos se trataba de un “tercero” que acaso pretendía “rebajar” la muy disminuida dignidad presidencial que el propio Fox se había encargado de frivolizar. Pero ¿qué puede decirse si los propios titulares del ejecutivo, se empeñan en rebajar la dignidad de su cargo? Felipe Calderón, no obstante que en ceremonias oficiales, ostenta la Banda Presidencial símbolo de la alta investidura y legitimidad que dice tener, con toda la trivialidad que caracterizaba a Vicente Fox se dedica a besuquear a cuanta dama se encuentra por su camino, sin que nadie se lo reproche, pues es el emperador sexenal. Si un simple ciudadano lleno de fervor patriotero decide vestir a sus críos como soldados y así disfrazados llevarlos a que presencien el desfile conmemorativo de la Independencia, allá él y sus gustos folklóricos. Pero si el Presidente de la República permite que sus menores hijos porten uniformes y grados militares y los ubica en el balcón central de Palacio Nacional, en igualdad de condiciones, con los Secretarios de la Defensa y Marina, parece una desmesura similar a las del haitiano Baby Doc o del ugandés Idi Amín Dada. Todavía no se cumple un año en el gobierno y ya se cae en tales excesos. No vaya a suceder que al término de su mandato vaya a actuar como se dijo del señor de la guayabera, quien, casi al final de su gestión, para mostrar su prepotencia o tal vez su desprecio por sus anfitriones, al término de una comida con industriales del Estado de México, se subió a orinar en la mesa de honor, delante de todos, mientras que éstos, obsequiosos, le aplaudían. Hay que tener presente que el poder, como el coñac, requiere beberse a sorbos, sobre todo cuando se tiene una naturaleza débil. Los héroes trágicos griegos incurrían en hybris, una inmensa falla moral, cuando asumían conductas propias de los dioses. Por ello aquel emperador romano, que encarnaba todo el poder del Imperio, tenía un esclavo cuya única obligación consistía en decirle al despertar: recuerda que haz de morir. Ahora sería: recuerda, el sexenio acaba.ROGER MAJO
LOS SEPULCROS BLANQUEADOS (2)
Los países de América Latina alineados en la “lucha” contra el “comunismo”, y que permitían la explotación de sus recursos naturales a manos de los consorcios trasnacionales podían ser los mayores violadores de los derechos humanos, sin que le causara la mínima desazón al gobierno norteamericano. Así lo expresó brutal, pero diáfanamente el Secretario de Estado John Foster Dulles (1953-1959), quien al referirse al dictador nicaragüense Tacho Somoza, dijo que “era un hijo de perra” y aclaró: “pero es nuestro hijo de perra”. No les importaban los medios empleados por sus lacayos para reprimir el descontento de las masas latinoamericanas empobrecidas, sino que sus intereses comerciales fueran afectados, en lo mínimo. ¿Qué hicieron los Estados Unidos, en un pasado no muy lejano para contener a los más distinguidos violadores de derechos humanos de nuestros países? Los Somoza en Nicaragua, Trujillo en República Domincana, Duvalier en Haití, Ydígoras en Guatemala, Stroessner en Paraguay, D'Aubbisón en el Salvador, las dictaduras militares de Argentina, Brasil y Chile o los gobiernos autoritarios de Díaz Ordaz y Echevarría en México. Los derechos fundamentales tanto de sus nacionales como de los extranjeros, carecen de importancia frente a los intereses políticos y económicos del Imperio. Por ello, Washington instaló en Panamá la “Escuela de las Américas” donde acude la oficialidad de los ejércitos latinoamericanos para entrenarse en tácticas de contrainsurgencia, que incluyen la llamada guerra de baja intensidad contra la población civil y el empleo de la tortura. Cuando el Tío Sam arenga con sus prédicas acerca de la obligación de nuestros gobiernos de respetar los derechos humanos, sus palabras nos suenan a escarnio. Al término de la Segunda Guerra Mundial, los aliados decretaron la fragmentación en dos porciones, tanto de Alemania como de su capital: oriental y occidental. Con el tiempo, y para evitar el sabotaje económico, las autoridades de la República Democrática, instalaron un muro en torno al sector este de Berlín, que separó familias e impidió el libre tránsito de personas entre ambos sectores. Frente a esta situación los estadounidenses se desgarraron sus vestiduras por ese “muro de la vergüenza” que constituía un “atentado a la libertad”, uno de los más elementales derechos humanos, decían entonces. Berlín era una ciudad ubicada completamente en la República Democrática, y sobre la cual, ésta no podía ejercer a plenitud su soberanía, como si México sólo pudiera mandar en la mitad de Villahermosa por que la otra mitad perteneciera a Guatemala. Ahora, los Estados Unidos construyen un muro de más de 3000 kilómetros a lo largo de su frontera con México, bajo el pretexto de protegerse de los terroristas. Quienes por cierto, han sido o sus propios ciudadanos o turistas que admitió legalmente. En realidad tratan de impedir la entrada de inmigrantes que buscan la subsistencia. Ensayan una falsa salida a un problema que ellos mismos prohijaron. Pretenden encerrar a México y Centroamérica en un ghetto de pobreza, a la manera de los nazis con los judíos, del régimen del aparthied de los sudafricanos, o el que instrumenta Israel con los palestinos. ¿Dónde están hoy sus alegatos morales de ayer por la “sagrada” libertad de tránsito y de comercio entre las naciones? Ahora reciben el pago por haber apostado al estancamiento, la injusticia y la represión de los pobres en Latinoamérica, en lugar de haberlo hecho por la superación de nuestras sociedades. Esta circunstancia hubiera creado un inmenso mercado del Río Bravo a la Patagonia, apto para asimilar los excedentes de su producción industrial, un hecho que hubiera permitido blindar, por siglos, su hoy inestable economía. ROGER MAJO, septiembre del 2007
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LOS SEPULCROS BLANQUEADOS
Los derechos humanos se consideran requisitos indispensables para que las personas tengan una vida digna. La igualdad jurídica, las libertades individuales, la propiedad privada, el debido proceso legal y los derechos cívicos se justifican y legitiman en consideraciones de tipo ético o moral que emanan de la visión del Mundo Occidental sobre el hombre, la sociedad y el papel que debe desempeñar el Estado. La pretendida defensa de estos derechos es utilizada por los Estados Unidos como instrumento de dominación al promover, un boicot internacional selectivo, contra países que él mismo califica como sus violadores. En éste, como en otros aspectos, el gobierno de Washington practica una doble moral, o como dicen ellos, con expresión más neutra, aplican un doble estándar: quienes son sus aliados o socios comerciales pueden incurrir en los peores excesos sin que se les recrimine seriamente. En cambio, conductas similares de quienes se oponen a sus designios, merecen una descalificación inmediata, utilizando el lenguaje como un arma ideológica que justificará cualquier acción armada posterior. Así sucede con Cuba a la que se fustiga por no permitir la alternancia en el gobierno, el libre juego de los partidos políticos, por encarcelar a los disidentes y no permitir la libertad de prensa. Sin embargo, todo ello existe en la mayoría de los países árabes, pero como éstos le proporcionan petróleo a raudales, no dice “esta boca es mía”. Cuando los guerrilleros talibanes, pertrechados por los estadounidenses, luchaban en Afganistán contra las tropas rusas obstinadas en sostener a un gobierno prosoviético, eran considerados “luchadores por la libertad”. Ahora que éstos combaten al ejército multinacional de ocupación que ellos encabezan, se han transformado en unos terroristas fanáticos. Cuando Luis Posada Carriles, un agente de la CIA dinamitó una aeronave de Cubana de Aviación en Barbados, causando la muerte de la tripulación y los pasajeros, los sectores conservadores norteamericanos calificaron al hecho como “una acción de resistencia a la dictadura castrista”. En cambio, como “represalia” por “apoyar” a organizaciones terroristas, los Estados Unidos bombardean a Libia (1986) y se le aísla internacionalmente (1992) por “cobijar a terroristas” que habían colocado bombas en aviones de Estados Unidos y Francia. Cuando en la guerra de Vietnam, los soldados estadounidenses caían prisioneros del ejército de Hanoi, se denunciaba ante el mundo los tratos inhumanos a que eran sometidos estos “defensores de la democracia”, que arrasaban con fósforo blanco y defoliantes, un país que no los había agredido y se encontraba a más de 12,000 kilómetros de distancia. En nuestros días, Estados Unidos retiene a 500 prisioneros en la Base de Guantánamo, mismos que califica, sin probarlo, como terroristas islámicos a los que priva de los derechos más elementales, contraviniendo la Convención de Ginebra, al no reconocerles el estatus de combatientes o de prisioneros políticos; no los somete a juicio, y por si fuera poco, diariamente les inflinge tortura psicológica (debidamente documentada), al privarlos de luz y del sueño, inyectándoles drogas y obligándolos a renegar de su religión, para destruir su personalidad. Si el fin justifica los medios y más allá de los principios, debe prevalecer “la razón de Estado” y el ansia de dominio, entonces quítense la máscara de la hipocresía y no se hable más de moralidad y de derechos humanos.ROGER MAJO, septiembre del 2007.
LOS CAMINOS DEL IMPERIO (1)
Invocando la libertad de comercio que “debía” existir entre las naciones, los ingleses introducían el opio a China, a pesar de la prohibición expresa del emperador de ese país. Por ello, sus autoridades se vieron precisadas en 1839 a incautar y destruir las provisiones de ese narcótico. Ante ese hecho, la “pérfida Albión” declaró la guerra, que se conoce en la historia como la Guerra del Opio (1839-1858). Luego de bombardear incesantemente Cantón, Fuchow y Shangai, China se verá obligada a abrir sus puertos sin restricciones al comercio extranjero; ceder a los ingleses la soberanía de Hong Kong y otorgar extraterritorialidad a británicos y estadounidenses, quienes no podían ser juzgados sino por tribunales de sus países en asuntos criminales y por sus propios cónsules en materia civil.
Ahora, hipócritamente, el capitalismo se asusta de sus propias obras. En el siglo XIX obligó a China a consumir el opio; también por doscientos años prohijó en todo el mundo su uso indiscriminado como medicamento, a sabiendas de su efecto adictivo y destructor. En el siglo XX inventará las anfetaminas para que los aviadores, en la Segunda Guerra Mundial aguantaran la falta de sueño por los continuos bombardeos que eran obligados a realizar; también el gobierno estadounidense incorporó el consumo de la marihuana entre las tropas aliadas, para que sus soldados llegaran a soportar los horrores de la guerra. Ante la urgencia de proporcionar enormes volúmenes del estupefaciente a sus soldados, los americanos convertirán a México en su principal proveedor. También actuaría así en las conflagraciones de Corea y Vietnam.
Durante las respectivas posguerras, a consecuencia de esa política, una legión cada vez más numerosa de excombatientes demandará el alivio para sus adicciones y para ahuyentar los fantasmas de la guerra que no los abandonaban. Asimismo, para que sus clases medias, evadieran sus frustraciones, instigará el consumo de psicotrópicos en la llamada generación hippie, y será también el medio ideal para domesticar la rebeldía de las minorías negras.
El negocio de la droga alcanzará por tanto, dimensiones planetarias. En nuestros días el monto del comercio mundial de la droga se considera del orden de los 600 mil millones de dólares. Un negocio de tal magnitud es impensable sin el control financiero y logístico de los respectivos gobiernos que no lo abandonarán a manos de simples particulares, así sean éstos, consorcios internacionales.
No es posible imaginar a unos emprendedores traficantes latinoamericanos que lleguen a las ciudades del mayor país consumidor a instalar estanquillos para su venta al menudeo, sino que mediante la anuencia o el disimulo de las autoridades, operan canales de distribución a escala nacional, los que a su vez proporcionan la droga a intermediarios regionales y éstos a los vendedores callejeros. El dinero recolectado por todas estas operaciones seguirá el camino inverso a través de los circuitos bancarios hasta llegar a los mismísimos productores y el gobierno americano con su sofisticada tecnología no ha podido detectarlo hasta la fecha.
Por todas las circunstancias a las que se alude, se puede afirmar que el llamado combate a las drogas, no es sino un pretexto de los Estados Unidos para extender su dominio en América Latina.
Ahora, hipócritamente, el capitalismo se asusta de sus propias obras. En el siglo XIX obligó a China a consumir el opio; también por doscientos años prohijó en todo el mundo su uso indiscriminado como medicamento, a sabiendas de su efecto adictivo y destructor. En el siglo XX inventará las anfetaminas para que los aviadores, en la Segunda Guerra Mundial aguantaran la falta de sueño por los continuos bombardeos que eran obligados a realizar; también el gobierno estadounidense incorporó el consumo de la marihuana entre las tropas aliadas, para que sus soldados llegaran a soportar los horrores de la guerra. Ante la urgencia de proporcionar enormes volúmenes del estupefaciente a sus soldados, los americanos convertirán a México en su principal proveedor. También actuaría así en las conflagraciones de Corea y Vietnam.
Durante las respectivas posguerras, a consecuencia de esa política, una legión cada vez más numerosa de excombatientes demandará el alivio para sus adicciones y para ahuyentar los fantasmas de la guerra que no los abandonaban. Asimismo, para que sus clases medias, evadieran sus frustraciones, instigará el consumo de psicotrópicos en la llamada generación hippie, y será también el medio ideal para domesticar la rebeldía de las minorías negras.
El negocio de la droga alcanzará por tanto, dimensiones planetarias. En nuestros días el monto del comercio mundial de la droga se considera del orden de los 600 mil millones de dólares. Un negocio de tal magnitud es impensable sin el control financiero y logístico de los respectivos gobiernos que no lo abandonarán a manos de simples particulares, así sean éstos, consorcios internacionales.
No es posible imaginar a unos emprendedores traficantes latinoamericanos que lleguen a las ciudades del mayor país consumidor a instalar estanquillos para su venta al menudeo, sino que mediante la anuencia o el disimulo de las autoridades, operan canales de distribución a escala nacional, los que a su vez proporcionan la droga a intermediarios regionales y éstos a los vendedores callejeros. El dinero recolectado por todas estas operaciones seguirá el camino inverso a través de los circuitos bancarios hasta llegar a los mismísimos productores y el gobierno americano con su sofisticada tecnología no ha podido detectarlo hasta la fecha.
Por todas las circunstancias a las que se alude, se puede afirmar que el llamado combate a las drogas, no es sino un pretexto de los Estados Unidos para extender su dominio en América Latina.
EL PAIS TAMBIEN ES YURECUARO 3
La falta de instancias legales eficaces ante las cuales se puedan hacer valer las demandas ciudadanas, de impartición justicia, suministro efectivo de los servicios públicos o la actuación convincente e imparcial de las institutos electorales, el grueso de la población desposeída se ve obligada a hacer sentir su voz mediante marchas, plantones y cierre de calles o carreteras. Ante esos hechos, sectores de las clases medias manifiestan su descontento y emiten una censura que de inmediato es reproducida y magnificada por los medios de comunicación al servicio de los intereses de la oligarquía, máxime cuando algún partido político o movimiento ciudadano encabeza o propicia estas acciones. Se les reprocha que afectan sus intereses pasajeros al libre tránsito o la comodidad para ejercer el comercio; también, alegan, que afean y llenan de basura los espacios públicos No se detienen a considerar la disparidad de los valores que entran en conflicto: el bienestar individual frente a necesidades colectivas elementales; y que los grupos sociales actúan así porque no les quedó otro camino. Si verdaderamente existiera un “Imperio de la Ley”, y a través de las impugnaciones legales se obtuviera una justicia pronta y eficaz, si los funcionarios respetaran las decisiones judiciales, tanto las marchas y plantones no se llevarían a efecto, pues pasarían a ser unos medios enfadosos, tardados y de resultados inciertos.Si algún grupo político recurrió en el pasado a las acciones antes descritas, si entre sus militantes y simpatizantes predominaba una cierta urbanidad cerril, los motivos sociales de su proceder ya se han apuntado. Pero si esa formación política sostiene en su Declaración de Principios la defensa de los grandes intereses nacionales y los ha avalado con hechos, en los sitios en que ha gobernado, deberá ser llevado al poder en todo el país, mediante el ejercicio del voto. Un partido, que al decir de Gustavo Iruegas, columnista de La Jornada, se asuma como de izquierda, progresista, popular y nacionalista. De izquierda: al promover la nivelación de las clases sociales mediante la justa distribución del ingreso, gracias al pago progresivo de impuestos de los que más tienen. Progresista: al procurar el mejoramiento de las personas y la sociedad mediante el empleo, la educación y la salud, lo que posibilitará el ascenso social entre las diversas capas de la población. Popular: al combatir la marginación, la pobreza y la injusticia. Nacionalista: al tiempo que preserva la soberanía nacional promueva la cooperación y la solidaridad internacionales. Al candidato a la Presidencia Municipal, cuyo partido asume estos principios como propios se le debe exigir el compromiso de sostenerlos ante cualquier instancia, ya sea estatal o federal. Asimismo, que luchará en contra de los vicios del Antiguo Régimen y los postulados de la derecha, neoliberal, elitista y extranjerizante. ROGER MAJO
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