El día 23 del mes en curso, el TRIFE confirmó la sentencia del Tribunal Electoral del Estado, en el sentido de declarar sin efecto las elecciones municipales de esta ciudad, porque la planilla ganadora utilizó símbolos religiosos en su campaña electoral. Por ello, será necesario que el Congreso nombre un gobierno provisional y que el IEM convoque a elecciones extraordinarias. Tanto una como otra actividad enfrentan serios retos. Por una parte los nombramientos del Congreso necesitan tener muy en cuenta el sentir de la ciudadanía expresada en los últimos comicios. Si bien por una parte fue patente que el candidato vencedor obtuvo una diferencia del 14 % sobre su más cercano contendiente, también es cierto que más del 62% de los votantes sufragó en contra del Revolucionario Institucional y que la predilección del electorado fue la de votar en forma diferenciada. Lo que no parece válido es que según la nota de Eduardo Ruiz (La Voz de Michoacán, 24/12/07), desde la Secretaría de Gobierno se externe que por “la tensión que impera” en el municipio, éste se ha convertido “foco rojo” y que el reportero, “aprovechando el viaje” para un mayor sensacionalismo, especula que podrían repetirse los sucesos de las elecciones de 1993. Habrá que recordarle al periodista que ni la situación del país y del Estado son las mismas de entonces, y que tanto los partidos como la ciudadanía tomaron lecciones del pasado. Por cierto, el recurso más socorrido de la guerra política sucia, en los últimos tiempos, ya sea para inhibir la intención del sufragio o para inclinar la preferencia de los votantes ha sido la propagación del miedo. A nivel internacional, el terrorismo ha dado un magnifico argumento para que gobiernos de corte fascista como los de George Bush en Estados Unidos o de José María Aznar en España, triunfaran sobre sus adversarios. Por su parte, Salinas de Gortari utilizó con ese fin la rebelión de los zapatistas en Chiapas y Fox Quezada el del “peligro para México” que supuestamente representaba López Obrador. ¿Cuál podría ser el sector de la población más sensible a unas amenazas abstractas de violencia y al que se pretendiera disminuir a su mínima expresión? ¿A quiénes pudiera convenir la reducción del número de sufragios? ¿Cómo podría gobernar con eficacia un gobierno, surgido de elecciones extraordinarias, en las que impere el disenso? ¿Podría subsistir una administración sin tener el beneplácito de una legitimidad generalizada? ¿Funcionaría bajo el amago continuo de plantones y “tomas” de oficinas? ¿Conviene al naciente gobierno estatal tener un municipio en ebullición? Más que “tensión”, lo que impera entre los ciudadanos de este municipio es el desencanto por la fragilidad del juego democrático. Dos serán los enemigos a vencer en la próxima contienda electoral extraordinaria, por una parte el abstencionismo, teniendo en cuenta que ya no estará en juego la elección del gobernador y del congreso local. Por la otra, el que dichas elecciones den a nuestra comunidad la convicción de fueron democráticas y creíbles. Para estar a tono con las sentencias que corren alrededor de este mundo, tanto los partidos políticos como a los ciudadanos, mientras llega el día de la contienda, es conveniente recordar los consejos del Catecismo: contra soberbia, humildad; contra ira, paciencia; contra pereza, diligencia.
ROGER MAJO