Tan tersa fue la elección de Andrés Manuel como candidato a la presidencia que ya hasta se me había olvidado el carácter francamente bélico que adquieren las campañas entre precandidatos perredistas. No es que la ferocidad de piraña no exista en los otros partidos, pero en el PRD adquiere dimensiones públicas tan devastadoras que los candidatos resultantes llegan derrotados a “la constitucional”, como le dicen por oposición a “la interna”, en una jerga rápida. Gastan toda la pólvora en el infiernito de “la interna” y se quedan sin parque para el paraíso de “la constitucional”.
De tal forma que los precandidatos del PAN deben estar felices por lo que están viendo. Y los prospectos del PRI estarán relamiéndose los bigotes como los gatos malignos de las caricaturas (si hasta salió una foto).
Y es que, ante la opinión pública, ante los que votarán en “la constitucional”, el proceso (llamémosle así) perredista no lleva a que gane votos uno u otro de los precandidatos, sino a desacreditarlos a todos en tasas equivalentes.
Pero los perredistas se comportan de manera curiosa, pues parecen no darse cuenta de las consecuencias de jugarse el todo por el todo en “la interna”. Resultará difícil encontrar luego argumentos tan fulminantes contra los candidatos de los otros partidos, y éstos aparecerán fortalecidos ante un candidato perredista, el que sea, al que sus compañeros le han dado hasta con la cubeta.
Por ejemplo, si se demuestra que Enrique Bautista se “apoyó” en la Cocotra para conseguir votos, debería quedar moralmente inhabilitado no ya para ganar “la interna”, sino sobre todo para estar en la posibilidad de ser gobernador del estado. Bastaría con que sus opositores le soplaran para que volara por los aires.
Con razón, pues cómo podría ser honrado un gobernador que como candidato es capaz de recurrir a los procedimientos menos honrados. Falta, a mi juicio, demostrarlo. En el caso de que así ocurriera, en caso de que la evidencia fuera suficiente, el PRD ganaría en el sentido de luchar contra la corrupción, de denunciarla dondequiera que se encuentre, e incluso debería expulsar de sus filas a un precandidato capaz de acciones de esa naturaleza. Pero si no se presentan esas evidencias, el daño sería para el PRD mismo y para su candidato resultante, pues significaría una de dos cosas: o que, teniéndolas, oculta las evidencias que dieron lugar a una acusación tan grave, o que todo fue una franca mentira, una mentira, por decir así, institucional, que quitaría cualquier autoridad moral, y más aún, cualquier verosimilitud, a toda acusación posterior que saliera de las filas del partido.
Lo mismo vale para las acusaciones que se han hecho a Leonel Godoy y a los otros precandidatos, de ida y vuelta. Todos lanzaron la primera piedra al mismo tiempo.
A ello hay que sumar el hecho de que el PRD, luego de un enfrentamiento tan brutal, no queda posibilitado para trabajar con un proyecto de unidad, por más que sus dirigentes digan lo contrario, por más que muchos al interior llamen a la unidad (aunque comportándose como si no entendieran lo que dicen).
En ese contexto, algunos ingredientes nuevos aparecieron en la semana. El más importante es quizá el hecho de que uno de los precandidatos, Enrique Bautista, salió a buscar una alianza con el PRI.
Primero, claro, un diputado priísta hizo, distraídamente, la sugerencia. Luego, Bautista se mostró sumamente entusiasmado. Y por último, el propio PRI corrigió declarando que la posibilidad está cerrada. Como ya conocemos la retórica del PRI, pues tiene una coherencia de formulario, sabemos que eso quiere decir que puede pasar cualquier cosa. Significa que están coqueteando y muy probablemente reuniéndose en casas elegantes a negociar cosas. Significa que depende.
Al mismo tiempo, Salvador López Orduña no descarta, a su vez, la posibilidad de buscar una alianza con el PRI, lo cual implica otra serie de reuniones, etcétera. Lo dijo en la misma semana, siguiéndole el paso a Bautista.
Sucede entonces que el PRI es el pan de la discordia. Sectores del PRD tanto como del PAN parecen señalar que no se sienten capaces de ganar solos. Si eso se confirmara, significaría que el tricolor podría ganar de alguna manera, en cualquier escenario.
Aunque no puedo dejar de hacerme la pregunta: ¿cómo reaccionarían los electores michoacanos, favorables al PRD, ante una alianza de este partido con el PRI? Algunos, los pragmáticos sin ideas, seguramente dirán que muy bien, que eso aseguraría la victoria (palabra de moda), aunque fuera una victoria que condujera a la formación de un gabinete priísta. Pero otros más, muchos, no podrían tragarse el trago amargo que sería volver a votar por el partido al que sacaron del poder seis años antes. Habría que ver en todo caso si los votos corporativos todavía bastan para inclinar la balanza, o si sus plomos se han aligerado lo suficiente.
El argumento de Bautista fue, según declaración publicada en La Jornada Michoacán: “hay que cerrarle el paso al PAN”. Pero ¿eso implica necesariamente abrírselo al PRI? O en todo caso, ¿por qué el PAN no y el PRI sí?
este domingo, sabremos ya quién ganó “la interna”, y sabremos también, de alguna manera, si el candidato ganador tiene los huesos enteros como para enfrentar lo que sigue.
De tal forma que los precandidatos del PAN deben estar felices por lo que están viendo. Y los prospectos del PRI estarán relamiéndose los bigotes como los gatos malignos de las caricaturas (si hasta salió una foto).
Y es que, ante la opinión pública, ante los que votarán en “la constitucional”, el proceso (llamémosle así) perredista no lleva a que gane votos uno u otro de los precandidatos, sino a desacreditarlos a todos en tasas equivalentes.
Pero los perredistas se comportan de manera curiosa, pues parecen no darse cuenta de las consecuencias de jugarse el todo por el todo en “la interna”. Resultará difícil encontrar luego argumentos tan fulminantes contra los candidatos de los otros partidos, y éstos aparecerán fortalecidos ante un candidato perredista, el que sea, al que sus compañeros le han dado hasta con la cubeta.
Por ejemplo, si se demuestra que Enrique Bautista se “apoyó” en la Cocotra para conseguir votos, debería quedar moralmente inhabilitado no ya para ganar “la interna”, sino sobre todo para estar en la posibilidad de ser gobernador del estado. Bastaría con que sus opositores le soplaran para que volara por los aires.
Con razón, pues cómo podría ser honrado un gobernador que como candidato es capaz de recurrir a los procedimientos menos honrados. Falta, a mi juicio, demostrarlo. En el caso de que así ocurriera, en caso de que la evidencia fuera suficiente, el PRD ganaría en el sentido de luchar contra la corrupción, de denunciarla dondequiera que se encuentre, e incluso debería expulsar de sus filas a un precandidato capaz de acciones de esa naturaleza. Pero si no se presentan esas evidencias, el daño sería para el PRD mismo y para su candidato resultante, pues significaría una de dos cosas: o que, teniéndolas, oculta las evidencias que dieron lugar a una acusación tan grave, o que todo fue una franca mentira, una mentira, por decir así, institucional, que quitaría cualquier autoridad moral, y más aún, cualquier verosimilitud, a toda acusación posterior que saliera de las filas del partido.
Lo mismo vale para las acusaciones que se han hecho a Leonel Godoy y a los otros precandidatos, de ida y vuelta. Todos lanzaron la primera piedra al mismo tiempo.
A ello hay que sumar el hecho de que el PRD, luego de un enfrentamiento tan brutal, no queda posibilitado para trabajar con un proyecto de unidad, por más que sus dirigentes digan lo contrario, por más que muchos al interior llamen a la unidad (aunque comportándose como si no entendieran lo que dicen).
En ese contexto, algunos ingredientes nuevos aparecieron en la semana. El más importante es quizá el hecho de que uno de los precandidatos, Enrique Bautista, salió a buscar una alianza con el PRI.
Primero, claro, un diputado priísta hizo, distraídamente, la sugerencia. Luego, Bautista se mostró sumamente entusiasmado. Y por último, el propio PRI corrigió declarando que la posibilidad está cerrada. Como ya conocemos la retórica del PRI, pues tiene una coherencia de formulario, sabemos que eso quiere decir que puede pasar cualquier cosa. Significa que están coqueteando y muy probablemente reuniéndose en casas elegantes a negociar cosas. Significa que depende.
Al mismo tiempo, Salvador López Orduña no descarta, a su vez, la posibilidad de buscar una alianza con el PRI, lo cual implica otra serie de reuniones, etcétera. Lo dijo en la misma semana, siguiéndole el paso a Bautista.
Sucede entonces que el PRI es el pan de la discordia. Sectores del PRD tanto como del PAN parecen señalar que no se sienten capaces de ganar solos. Si eso se confirmara, significaría que el tricolor podría ganar de alguna manera, en cualquier escenario.
Aunque no puedo dejar de hacerme la pregunta: ¿cómo reaccionarían los electores michoacanos, favorables al PRD, ante una alianza de este partido con el PRI? Algunos, los pragmáticos sin ideas, seguramente dirán que muy bien, que eso aseguraría la victoria (palabra de moda), aunque fuera una victoria que condujera a la formación de un gabinete priísta. Pero otros más, muchos, no podrían tragarse el trago amargo que sería volver a votar por el partido al que sacaron del poder seis años antes. Habría que ver en todo caso si los votos corporativos todavía bastan para inclinar la balanza, o si sus plomos se han aligerado lo suficiente.
El argumento de Bautista fue, según declaración publicada en La Jornada Michoacán: “hay que cerrarle el paso al PAN”. Pero ¿eso implica necesariamente abrírselo al PRI? O en todo caso, ¿por qué el PAN no y el PRI sí?
este domingo, sabremos ya quién ganó “la interna”, y sabremos también, de alguna manera, si el candidato ganador tiene los huesos enteros como para enfrentar lo que sigue.