proyecto vasco de Quiroga
Se trata de un proyecto comunitario que empezó hace cuatro años en un mes de mayo como este. Un grupo reducido de personas con experiencia en diversas áreas de la organización social y el conocimiento de la tierra se reunieron y decidieron llevar a la práctica una visión particular de la utopía. Como don Vasco de Quiroga hace siglos, ellos empezarían a constituir el núcleo y el embrión de lo que podría llegar a ser una tendencia a nivel general, como en efecto está ocurriendo. No se trata, de acuerdo con su propuesta, de esperar hasta que una transformación social de gran magnitud se produzca para crear las formas de organización que permitan una vida comunitaria. Ellos consideran que la construcción de un nuevo horizonte para la humanidad bien puede empezar desde la aldea local, a partir de la recuperación de la tierra y su uso colectivo. Un concepto así no excluye, desde luego, la realidad global, pero la considera como una dimensión en donde el todo y las partes no pueden considerarse como elementos separados, sino en una interacción dialéctica permanente. Uno de los problemas más graves que enfrenta la sociedad es la alienación, este concepto acuñado por Marx y que define el modo como el ser humano se vuelve extraño a su realidad social y a su entorno natural. Es la visión distorsionada de la vida y del mundo. Una distorsión manipulada por los grandes poderes, cuyo objetivo es impedir que el ser humano piense por sí mismo y sea capaz de constituirse en un sujeto social e histórico. La alienación es la cadena mental que mantiene a los hombres y a las mujeres como los esclavos modernos. Como alguna vez lo llegó a visualizar Erich Fromm, las grandes metrópolis se han vuelto totalmente inhabitables. La atmósfera que se genera en estos espacios reducidos, sobrepoblados, es de sofocación, de toda clase de tensiones sociales, de irascibilidad constante, de estrés, de malestar colectivo, de agresividad, de violencia extrema. La gente pierde su identidad en la masa y es absorbida cautivamente por ella. La contaminación de todos los elementos naturales termina por envenenar también el espíritu humano. Una alternativa podría ser la construcción de aldeas modernas en donde el sentido comunitario pueda volver a prender como las flores. Poblados en donde la tierra se recupere y sea de todos, donde todos participen en el trabajo, en hacerla producir, y también en la distribución de sus productos, con un beneficio social equitativo, sin intermediarios, sin que haya nadie que se apropie de la riqueza social, en donde los niños y los ancianos tengan por fin el lugar que se merecen, como en un paraíso terrenal, porque su suerte es responsabilidad de todos. Un lugar donde los trabajadores, como productores directos, se organicen de una manera autónoma, autogestiva, no sólo para llevar a cabo el trabajo colectivo, sino para planear su distribución. Una aldea así no puede despreciar los adelantos científicos y tecnológicos que ha alcanzado la humanidad. Pero de lo que se trata es que la ciencia y la tecnología sean medios, instrumentos para lograr que el bienestar sea para todos y no sólo para unos cuantos. Una aldea donde haya industria, comercio, actividad agrícola, cultural, educativa, con una visión comunitaria. La educación ligada directamente a las áreas productivas y de servicios. Una visión así no podría funcionar con los antivalores que se han impuesto en la sociedad bajo control neoliberal. Lo que tenemos acá es una competencia salvaje, primitiva, bárbara, por la sobrevivencia, en donde el que se impone es el más fuerte, el que desprecia de una manera absoluta las normas de convivencia civilizada y las pervierte. En una organización como la que impulsa en todo el estado la Comunidad Vasco de Quiroga, que es como se denomina este esfuerzo colectivo, los valores recuperan su sustancia original: la solidaridad, la cooperación, el trabajo voluntario en beneficio de la comunidad, la democracia horizontal, justicia para todos, la equidad, la libertad. El gobierno de la comunidad es la asamblea. Sus acuerdos son mandatos para el ejercicio del poder. Todos los miembros de la comunidad se integran a alguna de las comisiones para que todos participen directamente en el quehacer colectivo. Todos trabajan para la comunidad. No hay jerarquías en los nombramientos. Todos tienen el mismo valor y el mismo poder de decisión. En una realidad así la democracia directa, participativa, se vuelve un modo de vida, de relacionarse entre todos. Una relación de poder en donde nadie está por encima de los demás. Es la democracia popular que genera un poder que es también de carácter popular. Pero no basta con que en una comunidad así se produzcan bienes materiales y de servicios para el autoconsumo y la autosuficiencia alimentaria. Una parte de esa producción, que en la sociedad capitalista es el excedente que constituye la ganancia de uno solo, o de unos cuantos, es propiedad de todos, de manera que se comercializa con un sentido distinto, directamente del productor al consumidor, sin intermediadores, y la ganancia adquiere un valor social, no sólo en términos monetarios, sino éticos, de principios de vida. Se le da así un carácter totalmente distinto al mercado. El mercado de ninguna manera sustituye las relaciones solidarias y de intercambio y apoyo mutuo que debe haber entre los seres humanos. El mercado no impone sus leyes salvajes, deshumanizadas. El mercado, como se practica con esta propuesta, es una actividad de intercambio que dignifica el producto del trabajo. Se podría pensar que estamos ante una visión utópica que sólo existe en la imaginación. Pero es una utopía que ha estado creciendo exponencialmente, impulsada por su propio movimiento. La Comunidad Vasco de Quiroga es fundamentalmente un concepto que no denomina un territorio aislado. Se trata de un concepto que incluye a varias localidades que interactúan con espíritu comunitario. Como una red de aldeas que hacen una aldea mayor. Como una aldea mayor que se inserta ya en las redes que a su vez se tejen en la aldea global. Porque el todo está contenido en cada una de sus partes. Es un proyecto que está demostrando una nueva forma de organizarse a partir de la autogestión social y económica. Es una expresión concreta de lo que el nuevo socialismo tendría que estar construyendo desde abajo.